sábado, 25 de abril de 2015

Lencería


Algunas mujeres, yo soy una de ellas, sentimos predilección por la lencería. Hay en mi armario dos cajones dedicados por completo a lencería, a uno de ellos lo llamo el cajón de Alejandra. Simplemente porque la mayor parte de la lencería que está guardada en él es la lencería de las citas. No es que en mi día a día no me guste llevar lencería fina y sexy, me encanta hacerlo, pero ir a la oficina con corsé y liguero no es lo más cómodo del mundo.

Por motivos que no vienen al caso he estado buscando y mirando entre los conjuntos, sacando corsés, ligueros, braguitas de encaje… y han venido a mi mente muy buenos recuerdos de cama.
Hay un conjunto en concreto que solo me he puesto una vez, es un conjunto de lencería rojo, sujetador, braguita y ligero. A pesar de que el rojo no es un color que me guste demasiado, lo compré atendiendo a una petición especial a modo de regalo de cumpleaños, siendo así no podía negarme. ¿Cómo no complacer el deseo de un cumpleañero que nunca me había visto con lencería roja y tenía muchas ganas de hacerlo? Así que un par de días antes de la cita me recorrí las tiendas de lencería buscando un conjunto adecuado, no fue fácil, ya que el rojo no es mi color preferido como ya he dicho. Por fin encontré uno que me gustaba, cogí la braguita para examinarla más de cerca y sin saber como uno de mis dedos atravesó la tela. Fui a buscar a la dependienta e, inocente de mi, le dije: “perdone, creo que esta pieza está rota ¿ve? tiene un agujero” La dependienta cogió la braguita y me la enseño, “no está rota, es así, tiene una abertura para facilitar las relaciones” En ese momento me sentí un poco mojigata, ¿cómo no había caído en eso? pero no sé, si soy sincera pensaba que ese tipo de prendas no las vendían en tiendas de lencería si no en sex shops o sitios por el estilo, y pensaba que serían prendas horribles y chabacanas, no conjuntos de lencería elegantes.

Compré el conjunto y me lo puse para la cita. Tras la cena fuimos al hotel, enté al baño y salí sin ropa, solo con mi conjunto nuevo. La mirada en los ojos de mi acompañante me decía todo lo que necesitaba saber, le encantó su regalo, pero había una sorpresa que todavía no le había desvelado. Empezamos a jugar, a besarnos, a acariciarnos. Le desnudé lentamente, quité su camisa mientras besaba su pecho, desabroché su pantalón mientras acariciaba su entrepierna y le despojé de su ropa interior mientras con mi boca le proporcionaba el placer que tanto buscaba.
Le tumbé en la cama y sin quitarme ninguna prenda, me coloqué sobre él y me dejé caer para que me penetrara. No olvidaré su cara al darse cuenta un momento después de que llevaba la braguita puesta y de que tampoco estaba apartada a un lado. Me preguntó como lo estaba haciendo, le conté el pequeño truco de la braguita y la idea de que llevara ese tipo de prenda puesta le encantó, le excitó, y bailé sobre él con mi conjunto puesto hasta que los dos llegamos al orgasmo.


Mientras doblaba ese mismo conjunto para guardarlo de nuevo en el cajón, una pícara sonrisa ilumina mi cara y he pensado que era una pena que no hubiera vuelto a utilizarlo.

sábado, 18 de abril de 2015

Pequeños dulces momentos

Hay buenas costumbres que no deben cambiar y pequeños grandes placeres de los que todos podemos disfrutar. A veces no somos conscientes de la suerte que tenemos, nos centramos en las carencias y nos olvidamos de esas pequeñas cosas que son grandes placeres. 

Hoy ha sido uno de esos sábados en los que no tenía ningún plan, ha amanecido nublado a pesar de que luego ha brillado el sol por la tarde y he decidido que pasaría un día tranquilo en casa.
Desayuno tranquilo leyendo el periódico, paseo por el barrio y comida casera por la mañana, por la tarde he sacado mis materiales de dibujo, mi bloc y mis carboncillos y me he dedicado a dejarme llevar y a pintar. 

Ahora acabo de salir del baño, tras mi sesión de pintura he llenado la bañera, he seleccionado de mi colección de sales unas de cereza y me he sumergido en el agua caliente. He recostado mi cabeza en el borde de la bañera apoyada en una toalla enrollada y he dejado que mi cuerpo se relajara. He dejado mi mente en blanco y sentido el agua rodeando mi cuerpo como una caricia, alrededor de mi cintura, entre mis piernas, jugando con mi pecho… al moverme el agua descendía y dejaba mis pezones al descubierto que se endurecían al sentir el contraste del aire tras el agua caliente. La visión de mis pezones endurecidos me ha transportado a ratos de pasión, he cerrado los ojos e imaginado que las caricias que me hacía el agua eran unas manos masculinas que me rodeaban, he tocado mi pecho y jugado con mis pezones, los he pellizcado suavemente y estirado un poco hasta soltarlos. He continuado acariciando mi cuerpo descendiendo por mi vientre y he llegado hasta el centro de mi placer. He comenzado a acariciarme suavemente, primero rodeando mi clítoris sin ejercer demasiada presión, he disfrutado de mis propias caricias mientras en mis pensamientos soñaba que estaba con un hábil amante que me poseía. Cuando ya estaba en un punto muy alto de excitación he introducido dos dedos en mí y con movimientos circulares penetrantes me he llevado hasta el orgasmos mientras que paralelamente en mis pensamientos los brazos de mi amante me sujetaban en volandas por las piernas y me penetraba ferozmente mientras mi espalda chocaba contra la pared. 


Tras el orgasmo me he quedado un rato más relajada en la bañera y he continuado mimándome, me he exfoliado con un exfoliante corporal de cerezo, me he “untado” en una mantequilla corporal de vainilla que me deja la piel súper suave y al terminar me he puesto mi bata de raso, me he servido una copa de vino y me he sentado a escribir. Hacía un tiempo que no escribía una entrada de este estilo y me apetecía compartir con vosotros mi pequeño momento privado de placer.

martes, 7 de abril de 2015

El Imperio de los Sentidos: cosa de dos

Tengo la sensación de que hace frío fuera, probablemente no lo haga, hoy en Madrid hemos disfrutado de una temperatura estupenda pero esa es la sensación que me da. Froto una contra otra mis piernas desnudas bajo el edredón de plumas e intento reconfortarme.
Estoy cansada, aburrida quizás, de las noches en soledad. Quiero sentirme deseada, necesito que me hagan sentir mujer. Quiero coquetear y que mis coqueteos sean recibidos con los brazos abiertos. Quiero jugar, provocar y quiero que jueguen conmigo. Quiero que mis provocaciones causen reacción y que el deseo corra por las venas del provocado. Necesito sentir un cuerpo contra el mío, unos brazos rodeándome, que mi espalda se arqueé de placer, que mis gemidos inunden las cuatro paredes de una habitación. 


Siempre me ha encantado El Imperio de los Sentidos, cuando vi la película por primera vez me sentí tan identificada… consumida por la pasión, el deseo, el sexo. Estar toda la noche con un amante devorándonos sexualmente y sentir la necesidad de repetirlo una y otra vez sin descanso. Siempre pensé que era algo que sólo me incumbía a mí, que era sólo cosa mía el ser tan ardiente y tan apasionada, pero ahora descubro que no así del todo exactamente. Una parte de esa sensación me la daba la otra parte implicada en el sexo. ¿No es el sexo cosa de dos? Ahora, con la madurez y la experiencia imagino, descubro que es completa y decididamente cosa de dos. Yo sigo siendo la misma, un poco más madura, un poco más mujer, con nuevas experiencias en mi diario, pero la misma al fin y al cabo. Igual de apasionada, igual de romántica, igual soñadora, igual de coqueta y de juguetona. Pero como he escrito en el primer párrafo de la entrada: “quiero sentirme deseada, necesito que me hagan sentir mujer”. Y me he dado cuenta de que parte de esa sensación de éxtasis y plenitud sexual, ese deseo incontrolable, esa sensación de estar consumida por la pasión, me la regalaba la otra persona implicada en el sexo. Con su deseo hacía mi, con su pasión hacía mi, nuestra hambre de cuerpos desnudos se alimentaban mutuamente y la combinación era maravillosa y explosiva. 


Ahora que ya no siento ese mismo deseo hacia mí, que ya no siento esa pasión hacia mí, que no siento la misma atención, recuerdo El Imperio de los Sentidos, y sola en mi cama tendré que masturbarme para tratar de encontrar un poco del deseo, la pasión y el sexo perdidos. 

sábado, 4 de abril de 2015

Pole Dance

Sensualidad, un amplio concepto que es más una actitud que otra cosas. Ser sensual es más que llevar lencería fina o una manera de vestir. Ser sensual es la manera de andar, la forma de moverse, la manera de mirar… todos los que me conocen destacan esa cualidad de mi, la sensualidad. Por encima de la belleza, por encima del erotismo. Y si hablamos de sensualidad no podemos dejar de hablar del baile. Moverse al ritmo de la música, marcar los pasos, llevar el ritmo con la cadera… 

Hace ya bastante tiempo que quería hacer algo relacionado con le baile pero por unas cosas o por otras finalmente siempre lo he ido dejando a un lado, ahora, por fin he decidido apuntarme a una escuela, y no para aprender cualquier baile, si hablamos de sensualidad, ¿qué mejor que el Pole Dance o baile en barra americana?? Además de la estupenda condición física que se consigue con la práctica de este estilo de baile, me encanta la sensualidad de los movimientos, los giros y las acrobacias al rededor de la barra. 

Imaginaros qué sensual: una cita con un amante, él sentado en una butaca, luz tenue en la habitación, música sensual y yo bailando sensualmente y desnudándome al ritmo de la música el rededor de la barra. 

Ya sabéis que soy una romántica empedernida y que me encanta sacar siempre el lado romántico de todo, y si tengo ganas de aprender Pole Dance es también para seducir a mi amante con él, para qué aquel que esté conmigo goce con mis movimientos, que se excite con la anticipación al verme bailar, que me desee sin poder tocarme durante unos minutos antes de dejarnos llevar… 
Tendré que ir comprándome una barra portátil, estoy segura de que en cuanto lleve unas cuantas clases voy a querer seducir a alguien con un baile  ;)