martes, 24 de febrero de 2015

El poder de la situación

Hace mucho que no paso por aquí, lo sé, y me pregunto cuántos de vosotros seguiréis leyendo mi blog. Me pregunto si alguno de vosotros está esperando justamente esto, una entrada, una señal de vida. 
Como habréis visto he eliminado el teléfono del blog, la galería de fotos, ya no hay anuncios de Alejandra… He dejado de atender el correo electrónico, de escribir. Puede decirse que dejé a Alejandra aun lado para centrarme en otros aspectos de mi vida, mi trabajo, etc. Ya sabéis, etapas. 
No escribo para dar explicaciones a estas alturas, no, me he decidido a escribir porque otra vez he sentido la necesidad de compartir un pensamiento que sólo puedo compartir aquí. Podemos pasar de una etapa a otra pero no podemos eliminarla. 

Es curioso como son las situaciones las que hacen las cosas diferentes y no las personas en si mismas. Durante una reunión, de esas en las que el director general está presidiendo la mesa y todos estamos muy serios escuchando atentamente, yo no he podido evitar que mi mente volara a otra serie de pensamientos. He pensado como cambiaría la actitud si la situación fuera diferente. 

Soy la más joven de mi empresa, y eso que ya he cumplido los 27, y a pesar de que no tengo queja del trato que recibo por parte de la dirección de la compañía y que la dirección de la que dependo me tiene muy en cuenta, por parte de algunos directores de sexo masculino he notado en el trato de alguna manera cierta displicencia, quizás por mi edad, quizás por mi forma de ser… no sé. Pero sí que a veces tengo esa sensación. Y no he podido evitar pensar en cómo cambiaría la actitud si en lugar de estar es una oficina o una sala de reuniones estuviéramos en una habitación de hotel y yo fuera Alejandra. El trato sería de igual a igual o incluso se sentirían apabullados por mi presencia. 

He pensado en muchos de vosotros que habéis compartido momentos a mi lado, muchos de vosotros ostentando cargos directivos en grandes compañía multinacionales como puede ser la mía y en cómo de igual a igual hemos compartido mesa en un restaurante, juegos en un dormitorio… Y he pensado en el poder de Alejandra, he pensado en cuántos de vosotros habéis “sucumbido” a mis encantos (no me mal interpretéis, no lo digo de manera egocéntrica si no de manera cariñosa), incluso en cuántos habéis abierto nerviosos la puerta de la habitación del hotel, o incluso en cuántos habéis querido impresionarme. Pienso que quizás si nos hubiéramos conocido en una situación distinta, empresarial-laboral, vosotros quizás también me hubierais visto como la más joven, la que inicia su carrera profesional y a la que tratar con cierta indiferencia. 

Pero por algún motivo a Alejandra le dejáis ser ella, le dejáis dar su opinión tratándola de igual a igual, valorando lo que tiene que decir, escuchando atentamente. Vosotros me habéis escuchado hablar de arte, de política, de economía, del tiempo o del último libro de Dan Brown, de lo que sea, pero pensáis que lo que tengo que decir puede ser igual de interesante o de acertado. 

En fin, sólo es un pensamiento, ya sé que las relaciones laborales son complicadas y no siempre fáciles, pero quería compartirlo aquí, este tipo de cosas sólo puedo compartirlas con vosotros. 


Espero que todavía alguno de vosotros estéis por aquí para leerlo, gracias a los que lo leeréis por estar aquí y como siempre es un placer escribir para vosotros.