martes, 22 de julio de 2014

Envidia


Las tres de la tarde, ese momento en que después de comer en el sitio de turno vuelves a la oficina y coges un café en la Nespresso de la oficina antes de volver a trabajar. Una de mis compañeras mira por la venta y pregunta: “¿qué estarán haciendo hay?”, las que estamos nos volvemos hacia la ventana y vemos un coche negro, grande, estilo todoterreno en el descampado. Solo, alejado de todo y de la vista, menos de la nuestra que por la altura del edificio creo que no hay nada que quede fuera del alcance de nuestra vista. Empiezan entonces las risitas y los cachondeos, todas pensamos lo mismo, están follando. Un polvo en la parada para comer, un escarceo furtivo de dos compañeros de trabajo que se llevan provocando toda la mañana con emails picantes y no han podido esperar a más tarde. “Me parece una forma estupenda de aprovechar la hora para comer”, digo yo a mis compañeras, y en ese momento me doy cuenta de que tengo envidia.

No una envidia malsana, pero sí esa envidia en la que desearías ser tú la que estuviera en un coche con su amante echando un polvo en un arrebato entre reunión y reunión, entre call y call. Jugar durante la mañana a excitarle, alguna foto picante en el baño, algún email describiendo lo que voy a hacerle cuando tenga un momento de intimidad con él, quedar furtivamente en el parking y acariciarle la entrepierna mientras conduce… No sé, una pequeña aventura, un oasis en medio de la oficina. 

Hay días en la oficina que pueden ser tremendamente estresantes: reuniones a las que asistir, budgets que presentar, deadlines que cumplir, explicaciones que dar… Imaginaros uno de esos días, una reunión interminable y sentís vibrar el móvil, lo miráis disimuladamente por debajo de la mesa y veis una foto de mis braguitas, puestas en mí, tapando mi pubis. Una foto tomada en el baño con la falda levantada y un mensaje que la acompaña: “esto es lo que te espera”. Seguís sentados en la sala de reuniones pero vuestra cabeza ha empezado a divagar y se os ha olvidado donde estáis, la sonrisa en vuestra cara os delata, los demás asistentes a la reunión se han dado cuenta y os toca disimular. Vibra el móvil otra vez y soy yo de nuevo provocando. Aún estáis saliendo por la puerta de la sala de reuniones y ya me estáis escribiendo: “a las dos”. No hace falta más, a las dos menos 5 salimos por la puerta, como si nada, y una vez en el parking nos empezamos a besar, es más grande el deseo que el miedo a ser descubiertos, el morbo, la excitación y el deseo se han apoderado de nuestros cuerpos. El coche sale del parking y a la vuelta al trabajo nadie sabe por qué pero los dos tenemos un brillo especial en la mirada.



martes, 8 de julio de 2014

Coqueta


Desde fuera no lo parece, pero nada está dejado al azar. Mi postura en la silla, un poco recostada, con un pie apoyado en la otra levantando en ángulo mi pierna sin cubrir, una postura relajada pero estudiada. La forma en la que cojo la revista que estoy leyendo, apoyada en mi pierna y en la mesa, sin tapar en exceso ninguna parte de mi cuerpo. La forma en la cojo la copa de vino, esos pequeños sorbos dejando que el vino deje un poco mojados los labios. La forma en me meto las aceitunas en la boca, y la forma en que a veces, en lugar de limpiarme con la pequeña servilleta de papel, me chupo muy ligeramente en dedo, casi sin meterlo en la boca, como si le estuviera dando un pequeño beso. Ni siquiera la forma en que pasa las hojas de la revista está dejada al azar.
Sé que estoy siendo observada, los dos hombres que están en la mesa de al lado no me quitan ojo y a pesar de mi aparente indiferencia me he percatado y sin proponérmelo estoy “coqueteando” sin coquetear. No sé explicarlo de una manera mejor, pero así es. Sin hacer aparentemente nada estoy coqueteando.

No sé si esto lo hago muchas veces, la verdad es que me di cuenta ayer, esta situación que acabo de describir me pasó ayer por la tarde. Salí de trabajar y no me apetecía meterme en casa, quedé con una amiga para tomar algo y decidí adelantarme. Me compré una revista, me pedí una copa de vino y… bueno, el resto ya lo sabéis. No sé, nunca antes me había dado cuenta y puede que sea algo que hago muchas veces, soy una mujer muy coqueta, me encanta coquetear, no lo puedo evitar y a veces lo hago de forma inconsciente.