domingo, 30 de marzo de 2014

Mujer atractiva


Sé lo que todos estáis esperando, siento haberos tenido en ascuas durante todos estos días, y siento también la decepción que os vais a llevar. Finalmente no hubo trío. ¿Creíais si no que os iba  a tener tanto tiempo sin contároslo? ¡Creo que ya me conocéis un poco como para saber que hay cosas que no me puedo resistir a contar!
A veces las cosas no salen como se planean y esa fue una de ellas.

Hoy escribo en relación a un video que me han pasado y que está circulando por internet, quizás algunos ya lo hayáis visto.
No se si alguna vez he tocado este tema en el blog, en mi vida personal lo sí lo he tocado en varias ocasiones, con amigas, en mis citas, etc.
¿Lo tienen más fácil las personas atractivas? Y voy a ser un poquito más concreta, ¿lo tienen más fácil las mujeres atractivas?
Al ver este video, no he podido evitar darle vueltas al tema. Una chica hace un pequeño experimento para comprobarlo. Con dos looks diferentes, uno sexy y otro… bueno, poco atractivo, se lanza a la calle e intenta conseguir una serie de cosas gratis. Echadle un vistazo al video, pero os adelanto el resultado: la atractiva finalmente ha conseguido todo lo que se ha propuesto, una carrera de taxi, una copa, un bollo, un viaje en autobús… Mientras que la no atractiva sólo ha conseguido una pinta de cerveza. ¡Si hubiera sabido que esas cosas pasaban en Londres me hubiera ahorrado un dinerillo cuando vivía allí! Jeje

Siempre que sale este tema mi opinión es la misma, sí, las mujeres atractivas tenemos las cosas más fáciles. (Y no quiero malas interpretaciones de la entrada, que ya se que hay a quién le encanta sacarle punta a todo lo que escribo). Injusto o no, así es. Yo misma tengo varias anécdotas que lo corroboran. Recuerdo una vez en un bar, estaba a rebosar y el hombre que me acompañaba llevaba un buen rato en la barra tratando de conseguir una copa sin mucho resultado. Entonces yo me acerqué a la barra y sólo necesité 30 segundos para que el camarero me atendiera.
Otra vez en un taxi, no era una carrera larga y el taxista no me quiso cobrar, le bastó en pago la agradable charla mantenida y darme su número de teléfono. Otra vez estaba esperando a una amiga en un bar, tardaba bastante en venir y me dio tiempo a tomarme dos copas de vino y pedir una ración (estaba muerta de hambre), lo mejor fue cuando el amable camarero que me estaba atendiendo me trajo la cuenta, 1 €, fue lo que me cobró por todo. Eso sí, le dejé una buena propina.
Ahora que estoy haciendo memoria recuerdo un par de casos también en Londres. Fui a hacer la compra a un supermercado al que no había ido nunca, llevaba unas 35 libras en comprar, di mi tarjeta española para pagar y el cajero me dijo que no aceptaban tarjetas no nacionales. Sólo tenía unas 20 libras sueltas así que le dije al cajero que tenía que dejar algunas cosas, pero el caballero que estaba detrás de mi en la cola se ofreció a pagar lo que faltaba.
Otra vez en el metro, tuve un problema con mi Oyster, el abono transporte, y pagué dos veces. Mi sorpresa fue cuando el operario que me había ayudado a pagar salió a la calle a buscarme para decirme que había pagado dos veces y que entrara para que me devolviera el dinero.


No todas esas “ventajas” (no se como llamarlas exactamente) están relacionadas con el dinero, puede ser que el caballero que está delante de ti en el banco te deje pasar, que el conductor del autobús pare en la puerta de tu casa el día que llueve para que no te mojes, que te suban las bolsas de la compra a casa o que el técnico que ha venido a arreglar la lavadora le eche un vistazo también al lavavajillas. Lo que es una tontería negar es que el físico no influye en las reacciones de la gente. No es que a las chicas atractivas nos lo den todo hecho, no es eso, pero sí que reconozco que es una buena tarjeta de presentación. 


martes, 18 de marzo de 2014

Una proposición indecente

Me despierto y me hago un poco la remolona en la cama. Ya en la ducha, mientras me termino de despertar, recuerdo qué día es hoy, martes,  me siento un poco nerviosa de repente. Me imagino lo que puede pasar esta tarde y siento unas mariposas en forma de nervios y excitación por mi estómago.

Un whatsapp de Marina el domingo por la tarde: “llámame cuando puedas, tengo que comentarte algo”. Me pica la curiosidad y mientras disfruto de la fantástica tarde de domingo de terrazas con una amiga pienso en por qué tanta urgencia.

La llamo cuando me despido de mi amiga, y esperando en la estación del metro me comienzo a reír mientras Marina está al otro lado del teléfono. Me hace gracia y me  parece un poco subrealista que le haya salido tan natural como si de quedar a tomarnos una copa de vino se tratara.

He dicho que sí, acepté la proposición. Me lo habían propuesto en varias ocasiones pero siempre había rechazado la oferta. No se que es lo que ha sido diferente esta vez. Imagino que simplemente era el momento adecuado, uno de esos momentos en los que me apetece probar algo diferente, hacer algo nuevo.

Hoy, si todo sale según lo previsto, en una habitación del Hotel Ritz junto con Marina y un desconocido, haré mi primer trío. Por primera vez probaré la experiencia de de jugar con una mujer también en la cama, de experimentar el roce sensual de las manos de una mujer, de acariciar un pecho, de besarlo...


Prometo contaros la experiencia. 

domingo, 16 de marzo de 2014

Otra vez

¿Y esta? Me parece una canción súper bonita con un toque erótico genial. Una más sacada del baúl de los recuerdos de la música.


Noche en Vela

Añadiendo música a mi nuevo Iphone he rescatado esta canción de la biblioteca de música de mi portátil. Hacía muchísimo tiempo que no la escuchaba, ni si quiera recordaba que canción era cuando he leído el título pero nada más escuchar las primeras palmas la he reconocido y recordado cuanto me gusta.
Aquí os la dejo, un poquito de romanticismo para empezar este domingo soleado y maravilloso (al menos en Madrid). Feliz Domingo!!!


miércoles, 12 de marzo de 2014

Paranoia

Una de las cosas que la doble vida lleva incluida es la paranoia. La paranoia de que todo lo “raro” que sucede es porque alguien me ha descubierto.

Mi jefe me pregunta por qué tengo dos móviles, y yo pienso que me ha descubierto. Una amiga hace un comentario sobre el sexo de pago y yo pienso que me ha descubierto.

Hoy, mi vecina me cuenta una cosa (que estaba explicando pero que lo he borrado porque me he dado cuenta que de ser ciertas mis sospechas sería descubrirme yo solita) y pienso que alguien me ha averiguado quién se esconde detrás de Alejandra.

Lo más probable es que no tenga nada que ver, que ninguna de las cosas por las que pienso: “¿me habrá descubierto?”, tenga nada que ver con Alejandra y mi doble vida, pero inevitablemente es siempre lo primero que pienso.
El “miedo” a ser descubierta por mi entorno es importante pero hasta hoy nunca me había planteado el ser descubierta por un desconocido. Que alguien de mi entorno descubra mi doble vida supondría dar muchas explicaciones que quizás muchos no entenderían pero ¿un desconocido? ¿Qué pasaría si un desconocido me investiga / sigue de alguna manera y descubre dónde vivo? Eso me acojona (hablando en plata)
Ahora he abandonado la paranoia, no antes de hacer un interrogatorio a mi vecina, pero el pensamiento sigue rondando en mi cabeza de alguna manera.


Quizás esta (la paranoia) junto con lo mal que llevo lo de mentir a la gente que me importa, sea lo que peor llevo de la doble vida. Los otros aspectos me gustan, los disfruto. El tener un secreto, algo que no cuento, un toque de misterio que siempre va conmigo… Eso le da un punto misterioso a mi vida (sí, ya se que me repito pero son casi las doce de la noche y he tenido un día largo). Supongo que así es la vida, todo tiene un “precio” y no se puede tener una doble vida sin esos inconvenientes.  

lunes, 3 de marzo de 2014

Un poquito más que sólo sexo

Creo que en un par de ocasiones he hablado de los perfiles y de que hay gustos para todos. Bien, pues hoy tengo una anécdota que contar que lo confirma.
Yo me jacto de tener un perfil bien definido y de que los hombres que vienen a mi lo hacen porque buscan exactamente lo que soy, pues bien, parece que aún así todavía hay quién se equivoca.
Hoy tenía una cita, después de la oficina me voy a casa, me doy una ducha y elijo mi vestuario. Falda negra ajustada por encima de las rodillas, blusa negra, un cinturón ancho beige en la cintura y zapatos de tacón de aguja clásicos beige. Llego a la habitación, me gusta romper el hielo, soy incapaz de ir “al lío” de primeras así que me pongo a charlar, me doy cuenta de que él o no me quiere seguir los temas o es muy cortado. Yo noto que la cosa no va bien, no hay feeling, pero aún así sigo tratando de encontrar un tema con el que podamos conversar. De repente me dice: “tengo algunas dudas” ingenua de mí pensaba que se refería al tema de conversación y yo me lanzo a darle mis argumentos favor. Pero me dice: “no, no, dudas respecto a la cita. Eres muy guapa y eso pero no eres lo que yo buscaba, buscaba un servicio más tradicional”. En ese instante no sabía a que sé refería hasta que me he dado cuenta de que se refería exactamente a eso, buscaba un servicio más tradicional. Buscaba el típico servicio de: “date una ducha, yo me desnudo, me abro de patas y ala, cada uno a su casa”. Definitivamente, no era su tipo de chica. Yo soy incapaz de organizar una cita de esa manera, así se lo he dicho y con una sonrisa en la cara me he despedido. Yo misma me estaba planteando el decirle que era mejor dejarlo, no sentía feeling y sin feeling una cita no puede salir todo lo bien que se espera de ella.

En todo en esta vida hay gustos como colores y en cuanto a esto pasa exactamente lo mismo. No todos buscan una cita con una acompañante hay quines simplemente buscan sexo sin más, sin ningún tipo de feeling añadido. Yo, desde luego, no son el tipo de citas que busco, yo necesito algo más en una cita, sentir cierta conexión. No hablo de nada místico, simplemente de poder charlar un rato de forma distendida con el hombre que me acompaña y poder compartir un poquito más que sexo en el rato que pasemos juntos.