lunes, 24 de junio de 2013

En Madrid a finales de JULIO



Otra vez el tiempo se me ha echado encima, quería haber escrito algo un poco elaborado este fin de semana pero acabo de sentarme ahora mismo. A veces pienso en lo bien que vivía cuando vivía del escorting. Tiempo libre, dinero para disfrutarlo, sin jefes, mis horarios, mis reglas, mis normas…  Ahora trabajo todo el día de lunes a viernes por un sueldo bajo con el único incentivo de que este nuevo trabajo que he conseguido es una buena oportunidad para mi futuro profesional. No me quejo (demasiado) porque es lo que yo he elegido, es lo que yo quería.  Me siento bien conmigo misma porque desde cero estoy levantándome en Londres, y todo hay que decirlo, a un ritmo bastante rápido.  Empecé trabajando como nanny y ha día de hoy ya tengo un trabajo para hacer CV, un trabajo en el que coger más experiencia, etc. Aún así estos días he pensado mucho en ello, en mi vida de escort y mi vida ahora. En todo lo que la sociedad critica a las mujeres que viven del sexo, cuando hablan de dignidad, etc. Yo he elegido complicarme la vida pero ¿qué hay de malo en la vida fácil? ¿qué hay de malo en ganar dinero, en poner tus horarios, tus normas, en tener tiempo libre, en no tener que aguantar a ningún jefe?  No tengo mucho tiempo para hacer una buena reflexión sobre este tema, pero volveré a ella en cuanto encuentre un momento para hacerlo. Me parece algo que merece la pena reflexionar.
Dejando este tema a un lado, escribo para daros una buena noticia. Se que muchos estáis deseando que vaya a Madrid, lo se porque muchos me escribís preguntándomelo, y siempre os contesto lo mismo: no tengo viajes planeados. Pero ahora sí, tengo un viaje planeado a Madrid a finales de Julio.  Os podéis imaginar que tendré la agenda un poco apretada así que cuanto antes me escribáis mejor.
Mil besos a todos.

EN MADRID A FINALES DE JULIO 

martes, 4 de junio de 2013

Su diosa


Dos hombres se sientan frente a unas copas. En realidad son dos desconocidos unidos por una mujer que conocieron como escort pero que para ambos ahora es mas que eso. Por unas curvas, una sonrisa, por ese pelo que les ha envuelto a los dos en las noches que han compartido.
La curiosidad ha hecho que uno quiera conocer al otro, un mensaje a altas horas de la tarde, una invitación a una copa y la noche por delante.
Una copa lleva a la otra, hablan sobre ella, sobre cómo la conocieron, sobre su personalidad, su carácter… A la tercera copa la conversación sube de tono. Siguen hablando de ella pero la conversación va alcanzando altas temperaturas. Ya no hablan de ese carácter suyo tan peculiar, ni de esa manera que tiene de ser. Hablan de esa manera que tiene de moverse en la cama cuando está encima de ellos, de esa manera que tiene de metérsela en la boca para darles placer, de la sensación que provoca el recorrer su cuerpo con las manos, de su espalda encorvada mientras la penetran por detrás, de su melena cayendo por su espalda…
Es su diosa, una diosa que han compartido, que han disfrutado, de la que han gozado, pero que saben que nunca será de ellos.
Llegan más copas y con ellas tres amigas de uno de los dos, probablemente compañeras de oficio de su diosa. El más tímido no está acostumbrado a esto, no se lo ve venir, pero se deja llevar. El alcohol, el estrés de los dos últimos meses, los últimos acontecimientos en su vida… No quiere pensar en nada, sólo quiere disfrutar un poco, desinhibirse, sentirse libre.
Las copas en la terraza del hotel terminan y los cinco se encierran en una habitación. Un par de botellas de champán, el alcohol sigue corriendo, y todos se dejan llevan. Las chicas empiezan a jugar, se quitan la ropa, se ríen, se acercan a ellos, les quitan la camisa, les acarician la erección… Uno de los dos está acostumbrado a este tipo de placeres, el otro no. Todo en nuevo para él pero lo está disfrutando. Dos de ellas le tumban en la cama, le besan por ambos lados del cuello, cuatro manos le acarician, no sabe de quién es cada cuál. Él sólo cierra los ojos y se deja hacer, se deja llevar por sus instintos y sus manos también acarician los dos cuerpos de mujer que le rodean, su boca se debate entra una boca u otra, entre unos pechos u otros…
Sin darse cuanta su nuevo amigo experimentado en estos juegos está también la cama con su compañera de juego. Ahora los dos están tumbados, observando a las tres mujeres besarse entre ellas, tocarse entre ellas, mientras ellos se masturban mirándolas, preparados para lo próximo que vendrá.
Así, entre piernas, pechos, caricias, cuerpos, melenas, sexo, deseo, lujuria van pasando las horas. Todo es una mezcla de alcohol y sexo. Ninguno de los dos sabe a cuál de las chicas está penetrando, no pueden contra cuantas veces lo han hecho con cada una. La noche pasa y todo el exceso hace su efecto. El más tímido de los dos cierra los ojos un momento y cuando los abre sólo encuentra calma, las tres mujeres y ese “desconocido” están completamente dormidos. Mira a su alrededor y ve las botelas vacias, la ropa tirada en el suelo, los cojines, los sillones movidos. Todos los testigos de la noche que acaba de pasar.
Entre el desorden busca su ropa, se viste con cuidado de no despertar a nadie. No quiere despedirse, no quiere decir adiós. Ahora todo parece surrealista. Sale a la calle y respira la brisa fresca de la noche. Dedica un momento a pensar en como se habían desarrollado todos los acontecimientos la noche anterior. Pero sólo una imagen viene a su cabeza, la de esa espalda arqueada frente a él. La de su diosa, su sonrisa, su melena. Y se da cuenta de cómo ella, incluso sin estar presente, le sigue proporcionando noche de extremo placer, de locura, de cosas nuevas. Su diosa, la de ambos, la de esos dos desconocidos que de no ser por ella nunca se hubieran conocido.