lunes, 26 de septiembre de 2011

Reina de Picas

Estoy medio borracha, sola en la intimidad de mi dormitorio. Sentada en el silloncito que acompaña al resto del mobiliario de la habitación frente al ordenador, una copa de vino a un lado y un cigarro en la mano. Un capítulo de Secret dairy of a Call Girl terminado y me decido a escribir. Estoy cansada pero es pronto y aún no quiero dormir, no acostumbro a beber sola pero he llegado a casa y me ha apetecido esa copa de vino que se ha convertido en dos. El cansancio hace mella en mi cuerpo, llevo todo el día fuera de casa y para colmo esta noche no he dormido bien. Me he despertado en medio de la noche, en medio de un sueño, un poco agitada, asustada y me ha costado volver a dormir.
Miro mi cama vacía que me espera, esta noche no quiero dormir sola pero se que sola dormiré. Los hombres desean mi cuerpo, desean verme bailar sobre sus caderas, desean verme disfrutar y gozan conmigo.
Ahora mismo me siento como una bailarina exótica, el alcohol ha hecho efecto en mi y en lugar de escribir me deslizo sobre el teclado del portátil. Bailo con mis dedos, muevo lentamente mi cuerpo a medida que las palabras brotan de mi mente. Es como si hiciera el amor con mis manos, con el teclado. Solo llevo una túnica blanca sobre mi cuerpo, se transparenta, si miro mi pecho puedo ver mis pezones un poco erizados a causa de la brisa que entra por la venta abierta. Paro un segundo de escribir y toco mis piernas que no serán acariciadas esta noche, las acaricio y muerdo suavemente mi rodilla. Creo que es el alcohol lo que me hace sentir todo como lo siento, lo que impulsa a escribir mientras pienso. Paso mis uñas por mi muslo apretando ligeramente, aparto la braguita y me acaricio un poco. Ahora escribo solo con una mano, con la otra me sigo tocando. Escribo por costumbre, no me hace falta mirar el teclado pero lo miro igualmente. Esta noche él es mi amante al que acaricio.
Miro unas flores que tengo cerca, se han secado pero aún así me parecen hermosas, regalo del mismo que me ha nombrado reina de picas en la torre de un castillo. Me levanto y voy a por ellas, las deslizo por el interior de mis muslos, quiero experimentar con los sentidos, tratar de calmar la pasión que no calmaré. Tengo el deseo a flor de piel, el deseo de perderme entre los brazos que se que no me perderé. Quiero besar, levanto la copa y brindo, por mi primero y por el amante que no me acompaña después. Es lo más parecido a un beso que esta noche tendré. Otro cigarro, ya van tres.
Dejo de escribir nuevamente y reclino la cabeza, cierro los ojos y solo soy capa de ver cuerpos, cuerpos desnudos, entrelazados. Revuelvo mi pelo, bajo la mano y la paseo por mi cuerpo. Toco mi pecho, lo aprieto un poco y bajo de nuevo hasta mí ser. Sí, mi ser. En este momento estoy excitada, medio mareada, medio dormida, medio borracha y completamente excitada.
He dejado de escribir y llegado hasta el clímax, moviendo mi mano, curvando mis caderas, desabrochando mi túnica, tocando mi cuerpo.
Acontecimientos recientes han despertado en mi un deseo al que no estoy acostumbrada, un deseo que traspasa lo carnal, un deseo que no me siento capaz de calmar.
Me estoy empezando a dar cuenta de que no estoy medio borracha, creo que estoy borracha entera. No tengo ni idea de lo que he escrito entre juegos y letras, entre sorbos y caladas, hoy no lo leeré. Mañana quizás, y quizás me arrepienta y elimine la entrada, afortunados los que la leeréis hoy, lo siento por aquellos que quizás no puedan leerla mañana.

Mis canciones: Otra vez



Hay algo entre tú y yo
más fuerte que la fe
mucho más grande que el destino,
no sé por qué te amé
ni como comenzó
este romance repentino.
Hacemos el amor
hambrientos de pasión
como algo cíclico, adictivo
y sin explicación.
Otra vez
amor amor me estoy quemando  
con el fuego de tu piel,
otra vez
siento que el fondo estoy tocando
 y no me puedo defender.
Estoy entrando en ti
nadando en tu sudor
bebiendo el fruto de tu vientre.
Quiero vivir así
metido en tu dolor
quedarme dentro para siempre.
No sé que pasa en mí
me ciega esta obsesión
es algo cíclico, adictivo
y sin explicación.
Otra vez
amor amor me estoy quemando  
con el fuego de tu piel,
otra vez
siento que el fondo estoy tocando  
y no me puedo defender.
Tú desatas en mi lo más dulce
y profundo y yo no lo puedo evitar
me derramo por ti, desemboco en tu mundo
y cuando creo llegar
quiero volver a empezar
otra vez...

jueves, 22 de septiembre de 2011

Momentos, dudas, recuerdos, pasión


Día extraño, pesado. Pasado medio dormida medio despierta. Viviendo en el sueño y despertando soñando.
Atada a la cama, sintiendo cada caricia, cada beso, cada roce. Subo, bajo, caigo, me coge, me recoge y me vuelve a coger. Recuerdo, vuelvo y recuerdo. Se agolpan pensamientos, las miradas en la oscuridad, las palabras, los susurros.
Momentos. Cuerpo contra cuerpo, desnudez, caricias, besos, jadeos… Palabras, risas, verdades, mentiras. Momentos, una noche y momentos. Sonrisas, se clavan, vuelven y se clavan una vez más. Sí, no, tal vez, quizás. Dudas, deseos, pasión.
La mente saturada, el cuerpo encendido, la piel erizada, un nudo en el estómago, cosquilleos en el cuerpo y preguntas.
Guerra, llamar a filas a todo mi ejército y presentar batalla. Paz, tranquilidad, no ganar pero tampoco perder. No arriesgar, no apostar, jugárselo todo a una carta.
Descartada, las cartas al descubierto y el as de la manga perdido entre las sábanas.
Fuerza, risa que tapa el llanto que lucha por salir. Más dudas, bueno, malo, más puede, más tal vez, más quizás.
Palabras, escritas para inmortalizar, para recordar, para transmitir y para sellar.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Simplemente sexo, una experiencia excitante

Hoy quiero compartir una experiencia con vosotros, algo que me ha sucedido recientemente. Lo cuento en forma de relato porque me ha parecido mejor opción, al final me ha quedado demasiado extenso, espero que no termine aburriendo y que lo disfrutéis tanto como lo hice yo.

 De la puerta de la habitación sale una mujer joven, atractiva, elegante, bien vestida. Camina por el pasillo hacia el ascensor buscando ansiosa algo dentro del bolso mientras no deja de caminar. Baja al vestíbulo del hotel. Sale a la calle y continúa con la mano dentro del bolso revolviendo todo lo que hay dentro. Se queda parada frente a la puerta del hotel, espera que algún taxi libre pase por delante de ella para irse a casa. Quiere un cigarro, tras rebuscar obstinadamente dentro del bolso se da por vencida, ha olvidado el paquete de tabaco en casa. Mira al final de la calle en busca del taxi, gira la cabeza y ve a un hombre frente a la puerta del hotel. Es alto, moreno, de complexión atlética. Lleva traje sin corbata, muy elegante. Está fumando. La joven mujer se da cuenta de que la está mirando. Un taxi aparece, levanta la mano para pararlo, ocupado. Se alegra, está contenta, animada, se siente sexy y decide que no le apetece irse a casa todavía.

Se acerca al hombre que está fumando en la puerta del hotel y le pide un cigarro. El hombre saca el paquete de tabaco y le ofrece uno. Entablan una pequeña conversación. “¿Te alojas en el hotel?” “No” responde ella. “¿Pero has salido de él?” “Sí” vuelve a responder haciéndose la misteriosa. Un par de preguntas de cortesía más y la invita a tomar una copa en el hotel. Sentados en el bar continúan con la charla. Él está en Madrid por trabajo. Nada de nombres, ni de ella, ni de él. Entre preguntas y respuestas, trago y trago, de vez en cuando ella posa la mano en su rodilla. Él quiere tocarla también pero no se atreve. Él se decide a preguntar algo que le intriga “¿Qué hacías realmente en el hotel? Con sinceridad, ¿vienes de ver a tu novio?” Ella sonríe, “¿Sinceramente? Muy bien, seré sincera, soy escort y vengo de ver a un cliente”.  El hombre asiente, “me parece muy bien” responde. Suelta una pequeña charla sobre la libertad y ella propone un brindis por ello. Con la copa casi vacía y la mano en su rodilla, sin saber de donde salen esas palabras, le pregunta “¿no me vas invitar a subir?” “Por supuesto, vamos”.

Apuran las copas y marchar camino a los ascensores, suben a la habitación, entran. Él no espera, nada mas cerrar la puerta de la habitación la agarra y la empuja contra la pared. Comienzan a besarse como dos desesperados, la mano que él tenía en su cintura sube hasta su pecho, lo toca, lo aprieta. Busca el escote de su blusa y mete la mano para tocarla mejor. Ella se deja tocar, disfruta de los besos apasionados, de las manos ansiosas que la tocan, de su miembro erecto ya buscando contacto con su cuerpo.

Es ahora ella la que recorre su espalda con las manos mientras él devora su cuello, llega al final de la espalda y saca la camisa del pantalón. De abajo a arriba esta vez vuelve a recorrer su espalda. Rodea su torso hasta su pecho y las baja despacio, termina de sacar la camisa del pantalón y comienza a desabrocharla. Ahora él está quieto, inmóvil observando como los dedos de la mujer que acaba de conocer le desnudan. Ahora es él el que está apoyado contra la pared con el pecho al descubierto, ella besa su cuello, continúa besando su pecho, juega con sus pezones y continúa su descenso jugando con su boca y su lengua por su torso. Ya de rodillas se topa con el pantalón, le mira  los ojos y desabrocha despacio el cinturón mientras puede ver en los ojos del hombre la excitación y el ansia con el que aguarda que termine de desabrocharle. Suelta el botón y baja la cremallera. Empuja el pantalón hacia los tobillos y acerca su boca al miembro erecto del hombre que continúa escondido bajo el calzoncillo. Mete un par de dedos por las gomas y lo baja a los tobillos. Esta vez sí, ahora ella se introduce su miembro en la boca y comienza a chuparlo, a lamerlo, a besarlo. Juega con su lengua, lo disfruta y le hace disfrutar.

Muerto de la excitación y el placer la levanta del suelo, la pone en pie y le desabrocha la blusa. Mira su pecho palpitante realzado por el sujetador. Baja la cremallera de su falta y esta cae sola hasta sus pies. La empuja sobre la cama y él se coloca sobre ella. Se ha deshecho de los zapatos, y del pantalón. Tumbado sobre ella la toca, saca un pecho del sujetador y chupa el pezón. Frente a la calma de ella al desnudarle y recorrerle con su boca está la prisa de él. Se deshace por completo del sujetador, con una mano toca un pecho y con la boca juega con otro. Está ansioso, quiere penetrarla cuanto antes. Le quita las bragas y se pone un condón, la voltea y la pone a cuatro patas, por fin ha llegado el momento y la penetra con ganas. Ella gime y él la embiste, ella pone su mano en su clítoris y comienza a masturbarse mientras él continúa penetrándola. Se mantiene en esa posición un rato hasta que ella quiere hacérselo a él. “Túmbate” le dice, él obediente se tumba en la cama y ella se pone encima de él a horcajadas, con su miembro dentro comienza a moverse, calmada al principio, no quiere que se corra sin haberse corrido ella, a medida que ella nota más cerca el clímax acelera el ritmo. Él se incorpora, pasa una mano por su cintura y pone la otra en su nuca agarrando su pelo, ella continúa moviendo sus caderas y él besa su pecho. Más rápido, ya casi está, un poco más, él la agarra con más fuerza y ella se mueve más deprisa apunto de alcanzar el orgasmos. Por fin, el orgasmo llega para ella. Él lo nota y la tumba de nuevo boca arriba, la penetra, la embiste un par de ves más y saca su pene. Quiere correrse en su cuerpo, se quita el preservativo y se derrama sobre su pecho. Los dos se quedan tranquilos un minuto, inmóviles tumbados en la cama. Él se levanta, va al baño, la limpia y vuelve otra vez al baño. En ese rato ella se levanta y se viste. “¿Ya te vas?” “Sí, estoy cansada” responde mientras se abrocha los últimos botones de la blusa. “Me quedo varios días en Madrid, podríamos vernos” Ella le besa, “Sí claro, ya nos veremos” es lo último que dice mientras sale por la puerta de la habitación.

De vuelta a casa en el taxi piensa en lo que acaba de pasar, se acaba de acostar con un completo desconocido que ha conocido en la puerta del hotel tras un servicio, ha sido un polvo fabuloso y ni siquiera sabe como se llama el hombre con el que se acaba de correr. Sospecha que el quería intercambiar teléfonos pero no le interesaba. Solo ha sido eso, sexo. Simplemente sexo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

L@s guardines del secreto


Creo que un 90% de las escort coincidiríamos en que lo que peor se lleva del escorting es la soledad. El guardar un secreto, el mantener una doble vida nos lleva a alejarnos de aquellos a quien más queremos. Familia y amigos. Puede llegar a modificar casi por completo nuestro entorno social.

Hoy he terminado la tarde un poco melancólica. Melancolía de mi casa (de la casa en la que me he criado), de mi habitación de toda la vida, de mi familia, de mi madre. Aquellos que me conocen saben que estoy muy unida a mi madre, la adoro, y muchas veces las mentiras y la distancia provocan la sensación de soledad.

Con los amigos la situación es parecida, aunque no he perdido contacto gracias a la telefonía móvil, la frecuencia con la que nos vemos a reducido considerablemente. No puedo atender el teléfono delante de mis amigos al igual que no puedo hacerlo delante de mi familia. No puedo coger y desaparecer de repente, no puedo decir: “me voy corriendo a arreglarme que dentro de una hora tengo que estar en un hotel”.

Con el entorno social, aquellos que no forman parte de las personas importantes de nuestra vida, aquellos que sabemos que están de paso por las circunstancias pero con las que mantienes una buena relación pasa lo mismo, antes de empezar en el escorting, todos los viernes, o casi todos, a la salida de oficina nos íbamos a tomar algo varios compañeros juntos, cosa que deje de hacer. Dejé de quedar con una compañera de clase para estudiar por el mismo motivo. Etc.

A pesar de todo trato de disfrutar de ellos lo máximo posible, mi madre y mi familia se llevan gran parte de ese tiempo pero procuro hacer lo mismo con los amigos de verdad. Precisamente por eso yo no estoy disponible todos los días, por ejemplo los domingos, son sagrados. El domingo se come en casa de mamá.

A pesar de mantener el máximo contacto posible, siempre hay una pequeña espinita clavada, el secreto. No me siento bien mintiendo a mis seres queridos por lo que procuro hablar lo menos posible de mi vida, salgo con evasivas de las preguntas…

Necesito quitarme por momentos ese peso, necesito poder relacionarme sin tener que ocultar una parte de mi vida. Eso ha generado el que busque contacto con otras escorts, con otras mujeres que comprendan la situación. Por suerte, gracias a mi blog en algunos casos y en otros por las circunstancias de la vida, he conocido a personas con las que poder quitarme el secreto de ser escort de encima. Además, últimamente he encontrado un pequeño ciber-espacio en el que quitarme la mochila y poder relacionarme (ciber-relacionarme)  tranquilamente sin tener que ocultar que soy escort. Es un pequeño espacio en el que las escort, las profesionales del sexo de pago nos comunicamos, expresamos dudas, consejos, contamos anécdotas, etc. Un espacio en el que entrar cuando son más de las 12 de la noche y necesitas saber que no eres la única.

Desde aquí, desde mi pequeño espacio abierto al mundo, quiero dedicarle esta entrada a todas mis compañeras, a todas nosotras que guardamos o hemos guardado un secreto. En espacial a aquellas que han ofrecido su oreja para escuchar, su hombro para llorar y su compañía para reír; y también a todas las Geishas y los foreros de Guía Geisha, ese ciber-espacio en que quitarse la mochila.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Bienvenida al paro, bienvenida a una nueva etapa

¿Quién soy yo para pedirlo todo cuando hay quienes no tienen nada? ¿Quién soy yo para pedir que todo me salga siempre redondo? Lo que está claro en esta vida es que todo no se puede tener. Así, sencillamente.

Ayer sucedieron dos acontecimientos importantes en mi vida. Uno me puso eufórica, me entraron ganas de gritar, de contárselo a todo el mundo, y otra me bajó la euforia.

El título del post lo dice todo así que empezaré con la buena, con la estupenda, la que hace que a pesar de todo me sienta feliz. ¡Me han admitido en el centro en el que siempre he querido estudiar! Tenía una pequeña esperanza pero realmente no esperaba que lo hicieran. Cuando he descolgado el teléfono estaba tan nerviosa… Creo que ni en la primera llamada que recibí como escort estaba tan nerviosa. Cuando colgué me entraron unas ganas tremendas de gritar, se lo conté a todas mis compañeras. Realmente no sabéis lo feliz que me hace sentir esto, la ilusión que me hace estudiar ahí…He fantaseado con este momento tantas veces...

Pero volviendo al inicio del post, no se puede tener todo, además, tampoco uno se puede permitir todo. Una persona no puede hacerlo todo y yo no hubiera podido con todo.

Ayer fue mi último día de trabajo en la oficina. Sí, estoy oficialmente en el paro. Poco antes de la hora de salir, recursos humanos vino a buscarme para firmar el finiquito. Toma los papeles del paro,”ya sabes como están las cosas…” “Tu eres muy válida, te vamos a dar una carta de recomendación…”

He de reconocer, sabéis que me gusta ser lo más sincera posible, que alguna vez había pensado en dejarlo. Sobre todo cuando sonaba el despertador a las 6 de la mañana. Como humanos que somos tendemos a los placeres, a todos los placeres. ¿Quién no ha fantaseado con la idea de tener tiempo y dinero? ¿En todo lo que haría? Pero mi Pepito Grillo nunca me ha dejado hacerlo. Siempre he estado indecisa respecto a ese tema. Lo de querer estudiar en este sitio no es nuevo, lo tenía pensado y sabía que si me aceptaban no podría con todo. El año pasado el curso terminó bastante mal y es que compaginar 2 trabajos y estudiar requiere muchísimo sacrificio. Pero a pesar de todo, de mis planes, de poder permitírmelo económicamente, nunca había dado el paso. Una parte de mi ni quería ni se atrevía a dejar la seguridad que me aporta. Me aportaba…

Ahora, he reconocer que estoy un poco acojonada. Tengo un tiempo de paro que me da cierta seguridad, pero aún así no puedo evitar sentir cierta preocupación. Al trabajar en la oficina mi horario como escort quedaba reducido y eso hacía que perdiera clientes y dinero. Quizás económicamente salga ganado pero esa seguridad que me daba saber que a día 30 tendría mi nómina en la cuenta la he perdido, he perdido la seguridad de saber que si enfermaba tenía derecho a baja, el paro, etc.

Ayer mi vida dio un cambio tremendo, terminó una etapa de mi vida y comenzó otra. Una nueva etapa en la que he perdido cierta seguridad pero en la que he ganado el poder cumplir una ilusión que tengo desde hace tiempo. Una nueva etapa que me pone ante una nueva situación nunca antes vivida. Me quedaré con lo bueno, soy una mujer muy positiva y como siempre veré esa lado de la situación. Tengo la oportunidad de cumplir uno de mis objetivos marcados y afortunadamente mi trabajo como escort me deja en una situación privilegiada frente a otras de mis compañeras que han corrido la misma suerte que yo.

Hoy, fiesta en Madrid, desde la terraza de Starbucks miro la calle y la gente pasar y me digo: “bienvenida al paro, bienvenida a una nueva etapa de tu vida”.

martes, 6 de septiembre de 2011

Haciendo tiempo

Escribo esta entrada con la única finalidad de no apagarme y quedarme dormida. Tengo una cita un poco tarde y necesito mantenerme activa para no sucumbir a la pereza y al sueño. Cuando he llegado de la oficina he tratado de echarme la siesta pero no he conseguido quedarme dormida, para ver si me entraba sueño he encendido el ordenador, graso error. He vista la entrevista de Paula Vip en un programa de la televisión catalana, luego he visto otro vídeo de un seudo-debate que hubo en La Noria sobre prostitución en el que participó una persona que conozco (al “debate” y a la entrevista de Paula quizás le dedique otra entrada) y ha sido suficiente para que me dieran las 8 de la tarde y ya no me quisiera dormir. Así que, cuando me he dado cuenta de la hora, me he dicho a mi misma: “O te activas, o mueres. Necesito mi revitalizante”. Me he vestido, he salido a la calle y me he ido derechita a Starbucks a por él. Café con leche, bien cargado, con hielo y bastante canela. Es justo lo que necesitaba: cafeína para despertarme, hielo para espabilarme y canela para incitarme. Probadlo alguna vez, en esos momentos de apagón que estáis en casa tirados viendo la tele o con el portátil, probadlo. Yo en esos casos siempre hago lo mismo. Me visto y salgo a la calle, voy a por mi “pócima” (cafeína, hielo y canela), la pido para llevar y me la tomo dando un paseo por la ciudad. El salir a la calle y darme un paseo me ayuda a animarme. Veo gente, ambiente, me despaja, me activa. La cafeína mata y contiene la sensación de sueño. El hielo intensifica los efectos, ya sabéis, el frío y el sueño (al menos para mi) son malos compañeros. Y la canela…la canela, como afrodisíaco que es, incita mi deseo. Por decirlo de alguna manera, pica mi curiosidad y me ayuda a mantenerme activa a la espera de saciarla. Me da ese punto, es como si iniciara algo, un previo sexual que hace que espere el desenlace.

Todo eso junto me mantiene ahora como estoy, escribiendo algo hasta que se acerque un poco la hora que empiece a prepararme. Elegiré ropa, unos zapatos, me arreglaré, me peinaré, me pintaré un poquito y me miraré al espejo 40 veces antes de salir, muy probablemente habiendo pasado por un cambio de ropa previo…¡en fin! Me gusta prepararme para un encuentro, elegir la ropa interior y mirarme al espejo con ella, cubrirla con el modelo elegido mientras continúo mirándome al espejo e imaginado las manos que volverán a dejarla al descubierto…

Vaya, se acabó la “charla” es hora de prepararme que el final se me hace tarde.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Química


Esta semana le he estado dando vueltas a algo. La química, la química entre dos personas que se acaban de conocer, ese algo que no se sabe qué pero que marca la diferencia.

Nunca había sido tan consciente de la existencia de “esa química” como hasta ahora. Ahora que tengo la oportunidad de conocer, de relacionarme con más hombres de lo que es habitual, puedo realmente darme cuenta de que con ciertas personas hay una conexión especial. No hablo de amor, ni de sentimientos, hablo de química. De esa conexión que a veces existe entre dos personas que se ven por  primera vez.

Me gusta que todas mis citas salgan de maravilla, me gusta disfrutar con el hombre que me acompaña, que se sienta cómodo a mi lado, sentirme cómoda yo, que las cosas salgan con naturalidad…en definitiva, trato de que todo salga lo mejor posible. Pero a pesar de ello me he dado cuenta que hay citas que salen redondas, toda va sobre ruedas, la conexión es diferente, la química marca la diferencia. Desde el primer contacto, es como un reencuentro con un antiguo amante, las cosas fluyen solas.

He estado curioseando por la Web acerca de la química entre personas, y dejando a un lado el enamoramiento (creo que “química” puede haber con un amigo, una amiga, prima…) la química es una cuestión de feromonas, olores, descargas eléctricas, etc. En definitiva, una reacción química que se produce cuando dos personas se encuentran.

Desgraciada o afortunadamente, eso algo que escapa a nuestro control. No esta en nuestra mano decidir con quién existe esa “reacción” y con quién no, simplemente pasa y ya está. Y aunque en nuestra vida diaria, en el trabajo, en el gimnasio, en el súper, etc. también puede suceder, me he dado cuenta de que eso es algo que me encanta de ser escort, conectas con alguien, saltan chispas y no sabes si volverás a ver a esa persona pero tampoco sabes si mañana conocerás a alguien con el que estallen fuegos artificiales. El ser humano es fascinante, complejo, increíble, imposible de conocer y me encanta.