domingo, 28 de agosto de 2011

viernes, 26 de agosto de 2011

Acceso denegado


Hay frases que lo dicen todo, incluso siendo frases incompletas pueden decir más que mil palabras, simplemente con el tono en que se dicen es suficiente.

Ayer, una frase a medias me bastó para saber que no quería quedar con el hombre que me estaba llamando interesado en conocerme. Una media frase al final de la conversación sirvió para saber que no quería conocerle, no me gustó. Incluso se lo dije a él, que ni la frase ni el tono me habían gustado, que había sonado muy feo.

Habíamos terminado ya la conversación, comentado tarifas, etc. y entonces me dice: “Y si te portas bien…” Leída así no parece tan grave, incluso quizás alguien pueda pensar que mi reacción es un tanto exagerada, pero sonó tan mal… Fue todo, la frase, el tono…

Cuando le dije que no me había gustado el comentario me dijo que no me lo tomara a mal, que era normal. ¿Normal? ¿Acaso es normal ir a un restaurante y decirle a la camarera: y si te portas bien…? ¿O a la peluquera? ¿O a la dependienta?

Instantes después comprendí a que se refería con eso de que era normal. Estaba obviando un detalle, soy una mujer que se acuesta con hombres por dinero y como tal, los hombres se pueden permitir el lujo de decirme las frases que quieran. Al menos eso es lo creí entender tras su explicación, tras decirme que por 250€ la hora…

Algo que me molesta mucho es que algunas personas se piensen que las escorts o las trabajadoras del sexo de pago en general, por ser tal cosa, hacemos y consentimos cualquier cosa por dinero.

   Ni hago ni consiento cualquier cosa por dinero, hay cosas que el dinero no puede          comprar. Y si antes de conocernos en persona alguien me da a entender que piensa que por pagarme va a poder hacer, tratarme o decirme lo que le venga en gana, se puede ir gastando su dinero en otro sitio, no lo quiero.

   Afortunadamente, yo, puedo decir que es una inmensa minoría los hombres que me demuestran tal cosa. Creo que ya he dicho en alguna que otra ocasión que me han tratado mejor como escort que como pareja, y que una gran parte de los hombres encantadores que he conocido, los he conocido siendo escort.

   Lo bueno es que después de…¡¡¡6 meses!!! (vaya, qué rápido pasa el tiempo, 6 meses ya…) he aprendido a detectar ese tipo de cosas y hoy cuento una “llamada” y no una mala experiencia.


lunes, 22 de agosto de 2011

A dos hombres encantadores


El baño es uno de mis momentos favoritos para pensar, la tranquilidad, la música sonando, mi cuerpo rodeado de agua tibia perfumada…así que, tras un fabuloso baño con sales y sus posteriores cuidados, exfoliante, mascarilla, etc. me siento tranquila con un colacao y un cigarro a escribir.

La entrada de hoy se la quiero dedicar a una persona en concreto, se la quiero dedicar a la persona que compartió conmigo la noche del viernes.

Esta semana estaba siendo un auténtico desastre, la Ley de Murphy se había adueñado de mi vida haciendo que todo me saliera del revés y para colmo, y eso es lo peor, haciendo que perdiera un poco la confianza en mi misma, haciendo que no me sintiera yo.

El martes comenzó mi pésima semana, lo que tendría que haber salido perfecto fue un auténtico desastre. La primera cita tras mis vacaciones fue desastrosa, al menos esa fue mi impresión. Me sentía tan nerviosa…parecía de todo menos una profesional. Mi lengua se desató descontroladamente y mientras hablaba sin parar pensaba: “cállate ya y bésale de una vez, acaríciale, abrázale, sedúcele como tu sabes hacer”. Poco a poco me fui tranquilizando y finalmente me dejé llevar pero aún así salí de los apartamentos por horas en los que tuvo lugar el encuentro con la sensación de haber estado horrible, incluso me fui de allí sintiéndome fea y poca cosa. Desde aquí, también le pido disculpas a esa cita, lo siento, me hubiera gustado que todo fuera ideal pero no se que me pasó, solo espero que no te llevaras una impresión mala de mí. Gracias por ser encantador, tú fuiste lo mejor de esa cita.

El miércoles la desastrosa fui yo y del jueves prefiero ni hablar. Pero llegó el viernes, la mañana se planteó igual que el resto de la semana, por la tarde vi un poco el sol y llegó la noche. Una cita me esperaba, me arreglé para la ocasión, falda por encima de las rodillas, coleta alta, unos tacones…Madrid invadida por lo peregrinos, la ciudad sumida en un calor sofocante y yo cogí el único taxi de la ciudad sin aire acondicionado. Ya empezaba a pensar que eso era un presagio del desastre de noche que me esperaba. Me equivocaba. Un hombre encantador con el que coincidí en el ascensor, tomamos el mismo pasillo y nos paramos en la misma habitación. No había nervios por mi parte, le saludé, nos presentamos, entramos en la habitación. Me disculpé, necesitaba una ducha y fui directa al baño. Una vez refrescada, solo con la toalla cubriendo mi cuerpo, nos sentamos en el sillón, champán, bombones y pastas. Charlamos, nos reímos... Me sentía sexy otra vez, atractiva, bonita. Salimos a cenar, más risas, más charla, más calor y un montón de peregrinos. De vuelta en la habitación nos deshicimos de los zapatos, de nuevo al sillón con más champán. Poco a poco nos fuimos acercando, una caricia, un rocé y nos besamos.

Pasé una noche realmente genial a tu lado, no sólo me sentí súper a gusto contigo sino que, aunque tú no te dieras cuenta, una Alejandra entró en la habitación del Hotel Mirasierra Suites y otra Alejandra renovada salió de allí.

Ahora, una vez escrita la entrada y pensándolo mejor, se la dedico a esos dos hombres encantadores. A ese Sagitario que soportó mi vuelta al ruedo y a ese otro hombre que puso punto y final al dominio de la Ley de Murphy sobre mi vida. Desde aquí, desde mi pequeño rincón, muchas gracias a los dos y mil besos enormes.

martes, 16 de agosto de 2011

De vuelta

Las vacaciones terminaron, el teléfono vuelve a estar conectado y yo vuelvo a estar disponible.

Los días de ausencia han causado su efecto, me he rodeado de mis amigas, de mis seres queridos y la desconexión del mundo ha sido tal que ni siquiera he sido capaz de tomar todavía una decisión respecto a un tema que  me estaba agobiando bastante.

A pesar de ello, me siento bien. Rodearme de mis amigas y de mi familia ha hecho que me sienta querida, relajada, me he olvidado de todo. Tanto, que los días junto a mis amigas en la playa he vuelto a tener 16 años, he vuelto a reírme como hacía tiempo que no lo hacía…

Ahora, de nuevo en activo, recupero la partida justo donde la dejé. Puede que esconderse unos días sea estupendo y que a todos de vez en cuando nos venga bien pero lo que dejas pendiente antes de esconderte te espera a tu regreso… Ha llegado el momento de continuar. Y aquí estoy, continuando.

Hoy me he vuelto a sentir como en aquellas primeras citas, antes de ella los nervios, después la inseguridad, la duda de que habrá pensado… Ahora, sentada en el sillón soportando el calor aplastante que hace en Madrid, pienso y no quiero darle vueltas, esta cabeza mía a veces pasa de la seguridad en si misma más absoluta a la inseguridad más aplastante y tal vez mañana, después de unas horas de reconfortante sueño, no le encuentre sentido a tanta rotonda para llegar al mismo sitio. Hoy las hormonas las tengo descontroladas y creo que el calor ha empezado a nublarme las ideas.